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sábado, 31 de agosto de 2013

45 (año 1)

gradas de soaso en valle de Ordesa
Hoy hace 45 años que vine al mundo del cuerpo de mi madre, a las 3 de la tarde con todo el calorazo del fin de verano en mi pueblo, Arroba de los Montes. Me cuentan que mi tio Santiago, por entonces un chaval de 11 años, fue corriendo a donde estaban trillando mi padre, mi abuelo Fidel y mi tio Agapito, a la era de los Martines para avisar de la buena nueva, que había nacido un niño y estaba bien. En el acompañamiento al parto estuvieron mis abuelas, Agripina de comadrona y Antonia, madre de mi madre. Me imagino la escena porque conozco todos los personajes y lugares y les tengo mucho amor.
Este es un año muy especial porque es el primero que soy padre. Mi niña Antonia, de casi diez meses, ha transformado radicalmente mi vida dandole un sentido nuevo y totalmente abierto a descubrir el mundo con sus mirada, le ha dado un horizonte de sentido radical y diferente. Estoy por eso muy feliz, como si hubiera vuelto a nacer, y esta experiencia radical me emociona, el nuevo camino de la vida con Antonia y su madre, Patri.

Antonia sonriendo en el regazo de su madre de paseo por Ordesa
Me encanta y me emociono porque es pura vida en el presente total y continuo. Cómo descubre el mundo, cada pequeña cosa, desde los amplios horizontes de los valles pirenaicos o el mar, el agua correr de los rios, las briznas de hierba, el movimiento de los animales, la fascinancion por todas las personas, que mira sin prejuicios y les saluda esperando una sonrisa o respuesta, parlotea, gatea y se sube donde puede, chilla de emoción y llora desconsolada...todo. Estas han sido las primeras vacaciones de verano en familia y ha sido maravilloso volver a mis rincones del Pirineo conocidos, con el ritmo y la mirada de Antonia. Ya vislumbro que de ahora en adelante mi vida va a ser asi y me gusta.

Comiendo y jugando en el camping de Ara
Estuvimos por los valles de Hecho, Ansó, Roncal, Tena, Ordesa y Bujaruelo, disfrutando del verde del campo y los paseos tranquis o largos. Nos ha encantado y ya estamos pensando los nuevos lugares a redescubrir.

miércoles, 6 de febrero de 2013

dias de aceituna con mi padre en el pueblo

el pueblo desde los olivos del morro del cuervo
Estos dias desde principio de año han sido de aceituna. Ha llovido mucho por el pueblo, incluso nevado y las dos semanas de recogida se han alargado hasta ahora mismo. Es una experiencia que vivo desde que tengo recuerdos en mi vida, aunque este año ha sido más intensa porque acordé con mi padre responsabilizarnos de la recogida entre los dos. Eso me ha supuesto pasar por el pueblo tres veces por el tiempo y algunos contratiempos familiares.

la depresión de Arroba desde lo alto del morro del cuervo
Dolores de espalda, del hombro derecho y las manos, algunas consecuencias del vareo, del acarreo de sacos, de todo el dia de pie moviendo mantas entre pedrizas con cuesta, en un paisaje espectacular y extasiante, con frio ventoso, con sudores del esfuerzo. Ensimismado en mis cosas, de charlas gustosas y monsergas no tanto, de pensar y de respirar.

Javi y papá en los olivos de los castillos


Un día estuvo Javi y otros dos mi tío José, diez estuve yo y hasta quince mi padre. Ha sido un mano a mano entre mi padre y yo, intenso y cansado, conflictivo también. Somos diferentes, a los dos nos gustan los olivos y tenemos distintas ideas de su gestión. Ojala el próxima año podamos catar nuestro propio aceite, que es mi idea desde hace unos años, y mi sueño es que sea ecológico.

jueves, 6 de septiembre de 2012

cumpleaños felices

los 42 de mi hermano
Estos últimos días del verano han sido también de varias celebraciones cumpleañeras familiares. La última, el 4 de septiembre, que mi hermano Fernan cumplía 42. La barbacoa, las cervezas y sidras, la tarta, con parte de la familia (Mari, Ginesillo, David) y sus amigos, en Móstoles. Unos objetos con rayas rojiblancas y un sentimiento deportivo para él (y de Jenny) que tanto le apasiona. Tantos años juntos, tantas peripecias y vivencias, siempre unidos, viéndonos crecer con nuestras inmensas diferencias y nuestro potente vinculo amoroso.
El 31 de agosto fue el mío y los 44 veranos los celebramos esta vez en Arroba de los Montes, en mis orígenes. La noche anterior tomamos el fresco a la puerta como me gusta. Amaneció y me fui con mi padre a echar basura de las cabras del tío Florian a los olivos de los Rondales. A la vuelta caminé con Patri a enseñarle y recordar la garganta de Caballos. Para mi sorpresa corría agua por el arroyo y nos encontramos un corzo. De regreso, nos acercamos a ver la balsa del Charcornillo, en busca de la nutria que me sorprendío una noche de fiestas, pero no la encontramos. La comida, con mi madre y mis hermanos Javi y Fernan fue tipicamente arrobeña: ajoblanco y gazpacho de primero, cabrito al horno de segundo y melón de postre. Después de la siesta, nos fuimos a la tabla de la murciana de Guadiana a darnos un baño y disfrutar del paisaje. El atardecer y la luna llena nos sorprendió con la cena y unas cervezas mientras escuchábamos el partido del atleti en la radio...jejeje. Un día estupendo.
Y el 27 de agosto, el cumple de Patri fue en el jardín de su casa de Málaga, con su familia, amigas y la brisa nocturna marina en el ambiente. 
Momentos, dias intensos y emotivos en nuestra vida cotidiana.

jueves, 30 de agosto de 2012

mis orígenes en Guadiana

bañándonos en la tabla de la murciana
Vuelvo al pueblo, a Arroba y pasaremos a bañarnos en la tabla de la murciana de Guadiana, a celebrar el año nuevo, los 44, en uno de mis lugares mágicos con historia, en la cuna de mis orígenes.

viernes, 27 de julio de 2012

mi abuela Antonia y su genealogía

mi abuela Antonia en uno de sus últimos cumpleaños
Mi abuela Antonia me decía, con una sonrisa feliz en los veranos del pueblo donde nací, Arroba de los Montes: -qué bien andais de acá para allá, barutitos. Así empieza la cabecera de mi blog.
Tengo muchos recuerdos de mi abuela Antonia, casi todos en el pueblo, otros en Móstoles. Ha sido una mujer muy importante en mi vida y he tenido la suerte de compartir muchos años con ella. Recuerdo que le encantaba estar rodeada de la familia (y hasta el último de sus días lo estuvo), era feliz con el barullo de la casa llena; y en la gran aglomeración para las fiestas del pueblo, prestaba su habitación y se iban a dormir con un colchón a la cocina, para estar al cuidado de todo el mundo. En mi familia ha representado el cuidado, el amor y la autoridad, me recuerda mucho la película. Siempre la conocí de negro, porque es el color del dolor de la pérdida (su hijo mayor, su hermano, su marido), pero se teñía el pelo de blanco azulado y le encantaba viajar y apuntarse a excursiones. Me ha legado el gusto culinario del pueblo: la ensalada de agua para el verano (hoy mismo la he catado), el ajoblanco, las migas, el pisto, el potaje y las patatas fritas al vapor con huevos; que lo hacía como nadie. Mi madre también ha cogido su testigo culinario, y es que somos de buen comer y celebrar. Le gustaba rascarnos los brazos y la espalda a los nietos y sentirnos cerca. Cuando acabábamos el colegio, venía con mi abuelo Fidel en la viajera y nos llevaba al pueblo todo el verano. Lo estaba deseando cada año, para sentirme libre, barutito, como ella decía y nos dejaba. Mi abuela dejó volar a mi madre en los sesenta, que se fue a Madrid (y por Europa a trabajar) y con ese gesto inicial pudimos salir después la familia del pueblo, porque mi madre empujó a mi padre a la ciudad para sentirse más libre. Mi abuela era generosa (y mi madre, y creo que en cierto modo se ha transmitido como un eje de valor en la familia), sabía ver la necesidad de la otra persona y si podía compartía lo que podía ofrecer. 
Mi hija se llamará Antonia, ya le he visto la cara y el cuerpo (en modo virtual), y he sentido sus movimientos dentro del cuerpo de Patri (su abuela querida también se llamaba Antonia). Es algo muy grande, indescriptible. Ya siento, sin haber nacido, lo que decía Emily en su poema, que el amor es todo lo que hay y eso es todo lo que se puede decir del amor. Deseo que yo sea capaz de transmitirle ese barutismo (libertad en relación), ese amor y esa generosidad que me ha sigo legada; en la relación con ella y con su madre.

viernes, 16 de septiembre de 2011

amor de hermanos Ceballos a los cuarenta

mi cumpleaños 43 en casa el 31 de Agosto
cumpleaños 41 de Fernan en la pedriza el 4 de septiembre
Los dos hemos pasado los cuarenta y nos llevamos dos años. Los dos nacimos en el pueblo en la casa donde vivian por entonces mi madre y mi padre, donde nos sacó al mundo en  brazos mi abuela Agripina, matrona, asistida por mi abuela Antonia y seguramente alguna mujer más de la familia. Los dos juntos hicimos el peregrinaje familiar migratorio que ha recorrido Badalona (donde tenemos unas preciosas fotos en la playa, mi primer contacto con el mar), la finca Valdemarcos donde mi padre fue guardés; posteriormente, Madrid, donde iniciamos el cole por estas fechas en Vallecas; y finalmente, Móstoles, donde vivía con su familia mi tío Fidel, fallecido hace muchos años, que nos dejó la herencia atlética. Durante estos cuarenta años de historia de vida común, cada uno ha recorrido un camino vital muy diferente, a pesar de las infancias y aventuras adolescentes de pandilla compartidas. Mi hermano se puso a trabajar y fue padre muy joven y ahora tiene una hija de 21 y un hijo de 14, y es lo que se dice un currela de toda la vida. Durante todo este tiempo hemos tenido momentos distantes y acercamientos, conflictos personales y familiares. Nuestras visiones de la vida y el mundo son bastante distintas, aunque creo que con una atención amorosa y de generosidad a las necesidades y deseos del otro, aún en los momentos de relación más fria. El conflicto entre dos mundos masculinos radicalmente diferentes en apariencia, con un vinculo amoroso profundo que nos ha permitido ser lo que somos cada uno y seguir compartiendo la vida. Ahora sé que este amor a mi hermano (y de él a mí) es lo que me ha permitido dejarle ser siendo yo mismo y nos ha movido y transformado a los dos. Y soy consciente que la mediación continua de nuestra madre lo ha hecho posible.

mi genealogia masculina

recogiendo tomates en el huerto de mi padre en los Martines

comida de sobras para los gatillos del corral 

Siento que existe un potente vinculo con el pueblo y el campo que se transmite de generación en generación en mi familia. Mi padre cuida con cariño el huerto en la finca de los Martines y se enorgullece de los tomates, calabacines, pepinos, sandias y melones que nos estamos comiendo este verano. Mi sobrino Gines está encantado en el pueblo, echa de comer a los gatos y está aprendiendo a recoger los tomates rojos.